27. La noción de “espacio ecuménico” adoptada por la Comisión Especial ha adquirido cada vez más importancia en las reflexiones sobre la reconfiguración del Movimiento Ecuménico y el papel del CMI en este proceso. El proceso de estudio sobre “Eclesiología y ética” se ha referido al CMI como “constructor de espacio”. Metodológicamente, esto significa que el papel del CMI consiste en inspirar y coordinar el proceso. Pero las consecuencias de esta noción sobrepasan la metodología. Se sugiere una opción por valores fundamentales: en favor del multilateralismo frente al bilateralismo, en favor de un modelo conciliar de ecumenismo frente al modelo confesional, en favor de la participación abierta más bien que insistir en la calidad de miembro institucional, en favor de una amplia noción de ecumenismo frente a la concentración en un ecumenismo de iglesias como entidades organizadas. Significa, sobre todo, reunir en un “único espacio” las manifestaciones locales y mundiales del Movimiento Ecuménico. 28. Los interlocutores legítimos en la conversación que se está entablando son todos/as aquellos/as que, cualquiera que sea su relación con el CMI, aceptan las afirmaciones básicas de fe expresadas en la base del CMI, y reconocen que las iglesias, pese a sus limitaciones institucionales, son los protagonistas principales del Movimiento Ecuménico. También deben aceptar que la unidad de la iglesia, la proclamación misionera del evangelio en todo el mundo y el compromiso concreto con la diaconía y el servicio en favor de la justicia y la paz son expresiones interdependientes de la vocación ecuménica. La conversación en curso sobre un “Foro Cristiano Mundial” se basa en estos supuestos y puede aportar claves importantes para la conversación incipiente sobre la reconfiguración del Movimiento Ecuménico. Sobre todo, necesitamos que entre los/las participantes en esta conversación reine un espíritu de apertura al cambio y haya disponibilidad para dejar que nuestras reivindicaciones institucionales sean impugnadas en tales encuentros. 29. Los interlocutores son evidentemente de muy diferentes clases. En el centro están las propias iglesias. Ya están vinculadas en diversas redes de cooperación y relaciones: las comuniones cristianas mundiales, las organizaciones ecuménicas regionales, los consejos nacionales de iglesias, las comunidades misioneras como el Consejo de Misión Mundial (CWM por su sigla en inglés), la Comunidad Evangélica de Acción Apostólica (CEVAA por su sigla en francés) y la Misión Evangélica Unida (UEM por su sigla en inglés), y comunidades de iglesias como Leuenberg, Porvoo etc. Estas redes existentes se caracterizan por tener miembros comunes y (a veces) por competir en sus peticiones a las iglesias. Tenemos además un número cada vez mayor de organizaciones y organismos de cooperación relacionados con las iglesias en los ámbitos de misión, diaconía y servicio. Muchos de ellos están organizados como ONG independientes y, por lo tanto, no se relacionan orgánicamente ni se integran en estructuras eclesiales. Gran parte de la actividad ecuménica se realiza con fondos de estas organizaciones. En tercer lugar, hay multitud de organizaciones ecuménicas internacionales y asociaciones benéficas de personas, iniciativas, redes y grupos cristianos dedicados a una causa particular en los que se manifiesta un compromiso ecuménico más amplio. Las más antiguas de estas organizaciones son la Alianza Mundial de Asociaciones Cristianas de Jóvenes/YMCA y la Asociación Cristiana Femenina Mundial /YWCA, así como la Federación Universal de Movimientos Estudiantiles Cristianos ( FUMEC), pero muchas otras se han creado más recientemente. 30. De esta rápida enumeración de los interlocutores resulta claro que el Movimiento Ecuménico es más amplio que las relaciones entre iglesias como entidades organizadas. El futuro del Movimiento Ecuménico no puede dejarse únicamente en manos de las iglesias. Es evidente que se extiende más allá de los límites constitucionales del CMI. El objetivo de una reconfiguración no es centralizar el Movimiento Ecuménico ni poner todo en orden bajo el control del CMI. El CMI debe y quiere seguir siendo en primera instancia una “comunidad de iglesias” que tratan de consolidar sus relaciones en la dirección de la plena koinonía en la fe y la vida, en el testimonio y el servicio. Ser miembro del CMI entraña un firme compromiso de responsabilidad de unos para con otros. Ahora bien, el CMI debería seguir ofreciendo el espacio para que los objetivos ecuménicos se alcancen con la cooperación de una gran diversidad de interlocutores más allá de las iglesias institucionales. El principio orientador aquí no es la condición de miembro sino la participación. 31. Tenemos que reconocer que hay por lo menos tres grupos de organizaciones que trabajan en torno a las cuestiones de unidad, misión y diaconía/servicio. Cada uno de estos grupos atiende a su propio ámbito de influencia y ha desarrollado su metodología específica. Ya no podemos pretender que su gestión y su coordinación se realicen bajo el control institucional del CMI, es decir por comisiones compuestas principalmente por representantes de las iglesias. Es evidente que se necesita un nuevo modelo de gestión que, aun manteniendo la integridad del CMI, facilite la más amplia participación y respete el perfil propio de cada organización. Los órganos conciliares en los diversos niveles tendrían que asegurar la vinculación entre las manifestaciones locales y mundiales de ecumenismo. El espacio ecuménico tendría que incorporar los valores de la comunidad conciliar que constituye la más firme respuesta de las iglesias a los desafíos de la globalización. Conclusión 32. Este ha sido mi último informe al Comité Central. Cuando empecé mi trabajo como Secretario General hace casi 11 años tenía una clara percepción de que el Consejo Mundial de Iglesias y el Movimiento Ecuménico en su conjunto afrontaban un período de transición. Lo que yo deseaba era facilitar la búsqueda de un nuevo entendimiento de sí mismo y una nueva visión del Consejo que respondieran al cambio en la situación de la iglesia y de la sociedad. La mayor parte de mis energías se han dirigido a esta tarea y agradezco todo lo que se ha logrado por los esfuerzos conjugados de muchos. No pude prever en qué medida esta empresa sería eclipsada por el agravamiento de la situación financiera con todas sus consecuencias para el funcionamiento institucional del Consejo. Sin embargo, me tranquiliza el poder traspasar mis responsabilidades a un/una sucesor/a en un momento en que al parecer hemos superado las peores dificultades. 33. Al terminar este informe quiero expresar mi gratitud a ustedes, a los miembros de la Mesa y a mis colegas, especialmente los/las del Grupo Directivo del Personal. Ha sido para mí un privilegio y una alegría poder servir al Consejo Mundial de Iglesias durante estos años y sentir el apoyo y también la interpelación de todos ustedes. He tratado de estar a la altura de la labor y de las expectativas de ustedes dando lo mejor de mí mismo. Si he ofendido o decepcionado a alguno/alguna de ustedes, le pido perdón. La vida del CMI y la vocación ecuménica han llegado a ser parte integrante de mi ministerio, y mi compromiso no terminará cuando deje mi puesto actual. Siempre he tenido la profunda sensación de apoyarme en los hombros de los/las que nos han precedido. Los/las que continúan la tarea asumiendo la responsabilidad más directa, sepan que los/las acompaño con mis oraciones y mi apoyo deseándoles éxito. Pero sobre todo, tengo confianza en el futuro, porque el movimiento en el que participamos está en definitiva en manos de Dios, y Dios completará lo que hemos tenido que dejar inacabado. Demos gracias y alabemos a Dios.