¿Por qué violencia? ¿Por qué no paz?


¿Por qué violencia?
¿Por qué no paz?

Una guía de estudio para la reflexión y la acción de personas y grupos de iglesia en el Decenio para Superar la Violencia

Índice

Las opiniones expresadas en esta guía son las de sus autores y no constituyen declaraciones oficiales del Consejo Mundial de Iglesias. Este material tiene por objeto estimular una respuesta activa al Decenio para Superar la Violencia (2001-2010): las iglesias en busca de reconciliación y de paz (DSV).

Escrito por Diana Mavunduse y Simon Oxley.

ISBN 2-8254-1384-4

Publicado por el Consejo Mundial de Iglesias
150, route de Ferney
PO Box 2100
1211 Ginebra 2
Suiza
Tel +41 22 791 6111
Fax +41 22 791 0361
www.wcc-coe.org

© Consejo Mundial de Iglesias 2003


Cubierta delantera: fotos de Irene R Lengui
Cubierta trasera: oraciones adaptadas de la Asamblea del Consejo Mundial de Iglesias en Vancouver, 1983


Cómo usar esta guía de estudio

Esta guía te ayudará a reflexionar sobre el Decenio para Superar la Violencia (2001-2010): las iglesias en busca de reconciliación y de paz (DSV) y a promover activamente la reconciliación y la paz.

Encontrarás en esta guía:
¨ una introducción básica al DSV;
¨ cuatro secciones de material para reflexión;
¨ una sección sobre cómo pasar a la acción;
¨ información sobre otros materiales;
¨ dos oraciones.

Cada sección de reflexión tiene tres partes:
¨ ejercicios para ayudarte a entrar en el tema desde tu propia experiencia;
¨ material para estimular la conversación sobre el tema;
¨ sugerencias para el estudio de la Biblia.

Al adaptar este material a tu contexto, debes tomar en serio las tres partes. Piensa en pasar desde la reflexión a considerar lo que harás después.

Puedes utilizar esta guía para la reflexión personal, pero te recomendamos encarecidamente que te unas a otros en grupos de debate. Ello requiere una preparación cuidadosa. Una persona por lo menos debe conocer bien el material para orientar al grupo. Debe haber un ambiente acogedor y relajado. Sentarse en círculo facilita la interacción. Empieza con tu propio contexto para ampliar después la conversación. Da tiempo a los demás para hablar de su experiencia, pero ten presente que para algunos esto puede ser penoso. Recuerda que escuchar es tan importante como hablar y que las palabras violentas pueden ser tan destructivas como la violencia física. Incorpora la oración al diálogo.

La paz sea con quienes reflexionan, dialogan y actúan.


Invitación a participar

“La paz no es algo que deseas, es algo que construyes, algo que haces, algo que eres, algo que das” (Madre Teresa)

Esta cita nos insta a ser dadores y constructores de la paz. Nos recuerda también que la paz está en nosotros. No obstante, para alcanzar la paz tenemos que trabajar juntos, y a ello desafía emplaza hoy el Decenio para Superar la Violencia (2001-2010): las iglesias en busca de reconciliación y de paz (DSV).

Trabajando juntos podremos comprender mejor las interconexiones de la violencia en sus manifestaciones locales y mundiales y descubrir de qué maneras, sin saberlo, contribuimos a la violencia. Con la ayuda de la familia ecuménica mundial, podemos empezar a experimentar los nuevos modelos de construcción de la paz.

Siendo la violencia tan universal y teniendo tantas caras, cada iglesia miembro debe encontrar su propia manera de participar en el Decenio, en los planos local, nacional, regional o internacional.

Una de las preguntas que con más frecuencia se formulan respecto al DSV es “¿Cómo romper el círculo de la violencia?” Esta guía responde en parte a la pregunta: “De la misma manera que rompemos el círculo de la ignorancia: educando a la gente.”


¿Por qué un Decenio para Superar la Violencia?

Por más que hayamos podido pensar que los asombrosos adelantos tecnológicos del siglo XX podrían haber conducido también a progresos en el respeto básico entre las personas, nos entristece ver que sigue creciendo la violencia étnica, racial, económica, medioambiental y de género.

Si en algún momento de la historia hemos sentido la necesidad de detenernos para volver la mirada al pasado siglo, ese momento es el presente.

El DSV, que fue concebido en 1998 en la Octava Asamblea del CMI en Harare, Zimbabwe, es una respuesta a una llamada en favor de la paz para generaciones futuras. Nos urge además a contemplar retrospectivamente el pasado siglo. Un mensaje emitido por el Comité Central del CMI para el comienzo del DSV en Berlín el 4 de febrero de 2001 expresaba esta esperanza para el nuevo siglo: “Venimos de los cuatro confines de la tierra, conscientes de la urgente necesidad de erradicar la violencia que invade nuestras vidas, nuestras comunidades, nuestro mundo y todo el orden creado. Inauguramos este Decenio en respuesta al profundo anhelo que sienten nuestros pueblos de construir una paz duradera basada en la justicia.”

El Decenio, sin embargo, no se organiza en torno a programas fijos, sino que es más bien una invitación a todos los organismos cristianos para que aporten su propia contribución a la construcción de la paz según su vocación particular, aprendan unos de otros y actúen juntos. No se trata tan sólo de cambiar el comportamiento individual. Se trata de indagar en las causas profundas de la violencia personal. Se trata de superar las desigualdades del sistema que conducen directamente a la violencia.

Sobre todo, es un tiempo para que las iglesias y los creyentes reexaminemos nuestra comprensión bíblica del llamamiento de Dios a la reconciliación y a la justicia.

Entendiendo por qué se ha creado la violencia, sabremos qué hacer y qué no hacer para reducir el nivel de violencia en nosotros mismos y en el mundo, para crear y promover la comprensión, la reconciliación y el perdón.

Con objeto de estimular la reflexión y la acción sobre el DSV, el CMI ha seleccionado, a partir de las respuestas a una encuesta en 2000-2001 entre las iglesias, cuatro temas principales para acercarnos a las causas profundas de la violencia.

Los cuatro temas son:
¨ el espíritu y la lógica de la violencia;
¨ el uso, el abuso y el mal uso del poder;
¨ cuestiones relativas a la justicia;
¨ identidad religiosa y pluralismo religioso.

Los temas no se proponen para su estudio teórico, sino como lentes a través de las cuales las iglesias pueden percibir más claramente las dificultades para superar la violencia, lo que las ayudará a encontrar soluciones sostenibles.

Está claro, no obstante, que las características, la dinámica y la interconexión de estos cuatro fenómenos variarán según el contexto particular de cada iglesia. Es preciso, pues, estudiar más los temas en el ambiente específico de cada iglesia.


¿Es inevitable la violencia?

Para empezar

Considera tu periódico local. ¿Cuántas informaciones dan cuenta de hechos violentos? ¿De qué clases de violencia se informa? ¿Crees que los periódicos presentan un cuadro exacto de la violencia en tu localidad?

Puedes seguir hablando de la violencia que has presenciado o experimentado en tu localidad. Ten consideración con quienes hayan podido ser víctimas de la violencia y tal vez no quieran hablar de ello.

Mira en la televisión o escucha en la radio las noticias mundiales. ¿Qué informaciones se refieren a la violencia? ¿De qué clases de violencia se habla? ¿Por qué crees que esas informaciones concretas son noticia?

¿Qué películas se ofrecen en el cine o en la televisión? ¿Qué juegos electrónicos practica la juventud local? ¿Qué nivel de violencia hay en tus pasatiempos?

Para ayudarte a reflexionar sobre la violencia

La violencia nos repele, pero también nos atrae.
La violencia nos alarma, pero también nos entretiene.
La violencia nos destruye, pero también nos protege.

Como seres humanos, nuestra valoración de la violencia parece indecisa. Muchos creen que la violencia es inevitable. Mirando al mundo, a nuestras comunidades locales y a nosotros mismos, no es sorprendente llegar a esa conclusión. Es fácil ser pesimista sobre la naturaleza humana cuando vemos lo que somos capaces de hacernos unos a otros.

La fe nos dice que hay otra manera de ver la naturaleza humana. Al considerar el lugar de la humanidad en la creación, el Salmista proclama que somos la mayor obra de la creatividad divina (Sal 8). Si los seres humanos han sido hechos a imagen de Dios (Gn 1:27), tenemos derecho a buscar expresiones de lo divino en nuestra naturaleza. Ceder por completo a una visión negativa de la humanidad es adorar a un dios mezquino, vengativo y glorificador de la violencia, y no al Dios que estaba en Cristo.

Esto no significa que debamos vivir en un mundo de fantasía en el que todo sea bondad y alegría. A partir de nuestra visión de lo que la humanidad puede ser, debemos transformar nuestra cultura de violencia en una cultura de paz. Para ello, nuestro realismo tiene que ser tan completo como nuestra esperanza.

Quizá hemos de empezar por aceptar nuestra complicidad en la violencia y asumir nuestra responsabilidad. Siempre es tentador culpar a los demás de lo que hay de malo en el mundo. Son los demás miembros de la familia. Es la iglesia. Es el gobierno. Es el capitalismo mundial. O bien culpamos a nuestros genes o a nuestro medio ambiente. Esto no es decir que no necesitemos un análisis claro de los efectos de todos estos factores en la creación de un mundo violento. Pero no han de ser una excusa para que no aceptemos nuestra propia responsabilidad. El sentirnos victimas creemos que tiene dos inconvenientes. Uno es que nos impotentes para cambiar las cosas, con lo que la situación de víctima es una profecía autocumplida. El otro es que parece haber algo en la psicología humana que convierte a las víctimas en victimarios, de manera que un niño maltratado a menudo se convierte en un padre maltratador, un grupo antes oprimido pasa a ser opresor.

Para ayudarnos a imaginar otros medios de pensar y de actuar, reflexionemos sobre algunas de las razones por las que recurrimos a la violencia:

Para obligar a otros a servirnos

La esclavitud puede ser aquí el ejemplo más obvio, y para muchos la esclavitud no ha sido abolida. No necesitamos trasladar en barcos a la gente de un continente a otro para producir el tipo de relación que hace que una persona exista sólo para servir a las necesidades de otra.

¿Cuál es nuestra visión alternativa de la interdependencia?

Para forzar a otros a parecerse a nosotros

Sea para “salvar sus almas” o para compartir los “beneficios” de nuestro sistema social y económico, los humanos hemos recurrido a la violencia de varios tipos para obligar a otros a amoldarse nuestra propia manera de creer, comportarnos o actuar.

¿Cuál es nuestra visión alternativa de la diversidad?

Para arrebatar algo a otros

Pocos de los que lean este librito serán atracadores de bancos, pero todos nosotros estamos enredados en relaciones económicas mundiales que oprimen a los muchos en beneficio de los pocos. Muchas guerras y conflictos contemporáneos tienen relación con la explotación de diamantes y petróleo.

¿Cuál es nuestra visión alternativa de nuestra responsabilidad como administradores de la creación?

Para castigar a los malhechores

De las dos razones que a menudo se dan para el castigo de los que delinquen contra la sociedad, la justicia retributiva y la reforma del delincuente, se suele dar prioridad a la primera. Se diría que haciéndole sufrir nos sentimos mejor. Pero, como decía el Mahatma Gandhi, “Ojo por ojo, y al final todo el mundo ciego.”

¿Cuál es nuestra visión alternativa de la justicia que transforma a la víctima y al delincuente?

Para protegernos y proteger a los indefensos

Este es el argumento de quienes creen en la inevitabilidad de la violencia. Pero, cualquier cosa que hagan o dejen de hacer un individuo o un grupo en un contexto determinado, el uso de la violencia es contraproducente a largo plazo.

¿Cuál es nuestra visión alternativa de la seguridad personal y colectiva?

Pueden concebirse otras razones por las que recurrimos a la violencia, y cada cual puede encontrar ejemplos en su propia experiencia o en su entorno inmediato. Volveremos sobre estas cuestiones más adelante.

La violencia parece inserta en el orden natural de las cosas únicamente porque no hemos tomado bastante en serio las alternativas, usando los recursos de la fe para alentarnos, inspirarnos y ayudarnos.

¿Cuáles son los recursos de nuestra fe –en la Biblia, la tradición, el culto, la espiritualidad, la experiencia, la acción y las relaciones– que nos ofrecen una visión alternativa?

Estudio bíblico

El profeta Jeremías escribió una carta sorprendente al pueblo de Jerusalén que había sido deportado a Babilonia por el rey Nabucodonosor.

Lectura de Jeremías 29:4–7

Jeremías no les dijo que vivieran pensando sólo en el día que terminaría su exilio. Al contrario, les dijo que se instalaran en el exilio, edificando casas, plantando huertos y estableciéndase en familias. Si esto los sorprendió, las palabras siguientes podrían haberlos escandalizado. En el versículo 7 se les dice que rueguen y trabajen por el bienestar, la paz o incluso la salvación (palabras utilizadas en distintas traducciones) de la ciudad del exilio. Sólo les podrá ir bien si las cosas van bien para esa ciudad.

Pensemos en su situación. Se sentían amargados en la situación política en que se encontraban; se veían obligados a convivir con el enemigo cuya religión despreciaban. Habría sido comprensible que reaccionaran aprovechando cualquier oportunidad para ofrecer resistencia y vengarse. Pero se les decía que, por su propio bien, trabajaran por el bienestar del enemigo.

Lectura de Romanos 12:9–20

Pablo escribía a cristianos que sabían lo que era la persecución. Es fácil citar las palabras de Jesús sobre presentar la otra mejilla (Mt 5:39),más difícil es hacerlo y todavía más difícil seguir la instrucción de Jesús de amar a nuestros enemigos (Mt 5:44). Para Pablo estaba claro que no nos incumbe la venganza; al contrario, debemos vencer el mal con el bien. Es la lógica divina de la reconciliación contrapuesta a la lógica de la violencia.

¿Por qué, cuando nuestro instinto puede decirnos que tomemos represalias contra quienes nos amenazan o nos hacen daño, nos invita la fe a mostrar en actos el amor a nuestros enemigos?

¿Cómo encontramos nuestra paz o tranquilidad buscando la paz o la tranquilidad de quienes tememos, despreciamos u odiamos?


¿Cómo usamos el poder?

Para empezar

Tomemos como ejemplo el poder de la electricidad. ¿Qué nos permite hacer la electricidad? ¿Qué riesgos implica su uso? (Si trabajamos en grupo, podemos dividirnos de manera que cada mitad considere una pregunta para poner luego en común las respuestas.) ¿Qué otras cosas en la vida son útiles, pero peligrosas?

¿Quién decide lo que se hace en tu familia, tu iglesia, tu pueblo o aldea y tu nación? La decisión puede ser individual o colectiva. ¿Quién dio a los que deciden autoridad para decidir? ¿Con qué criterio consideramos buenas o malas las decisiones?

Para ayudarte a reflexionar sobre el poder

El poder es simplemente la capacidad de controlar y dirigir los sucesos. Para saber si el poder es bueno o malo, tenemos que saber de dónde viene, la intención con que se usa y los resultados de su empleo. En nuestro debate inicial sobre la electricidad podemos haber señalado factores como su generación mediante recursos renovables o por centrales contaminantes, la posibilidad de un mercado de la energía explotador, los peligros de electrocución o incendio y los beneficios de la luz, el calor y los aparatos domésticos e industriales. La electricidad es un buen ejemplo de cualquier forma de poder: es útil, es peligrosa y plantea algunas cuestiones complicadas.

Podemos considerar la violencia como un mal uso o un abuso del poder. No por ello tenemos que renegar del poder o renunciar a usarlo. En esto difieren poder y violencia. Podemos aspirar a un mundo sin violencia, pero no sin poder. Aun cuando nos sintamos débiles e insignificantes, cada uno de nosotros y nosotras, individual y colectivamente, tiene poder para hacer ciertas cosas. Necesitamos el poder para restablecer la justicia y para promover la sanidad y la reconciliación. Sin el uso del poder, no se hace nada bueno. El mal triunfa cuando los buenos no hacen nada.

¿De dónde viene el poder? Una respuesta es que viene de Dios. Con ello podría reconocerse que Dios es el origen de todas las cosas o que el poder viene como un don del Espíritu Santo. Algunos querrían relacionar el poder con la naturaleza de Dios. Es posible seleccionar textos bíblicos que parecen justificar un uso violento del poder porque sería eso lo que Dios quiere. También es posible respaldar en Dios el mal uso que nosotros hacemos del poder para intentar justificarlo. Si hacemos eso, trastornamos la fe y hacemos a Dios a nuestra propia imagen violenta. Pero el poder de la resurrección no se parece en nada al poder de un puño, un misil o un sistema económico.

Hay un poder en cada uno de nosotros; tal vez es éste uno de los aspectos en que estamos hechos a imagen de Dios. El poder es mayor cuando estamos juntos. En las escrituras hebreas tenemos las fuertes imágenes del pueblo de Dios, y en el Nuevo Testamento las de la iglesia y el reino de Dios. A veces hablamos de dar el poder al pueblo, como si el poder fuera algo que poseemos y podemos dar generosamente a otros. Deberíamos hablar más bien de acompañar al pueblo en el aprendizaje para el ejercicio de su propio poder.

Para todos nosotros, ejercer poder implica asumir la responsabilidad por la manera en que lo usamos. Implica también la necesidad de rendir cuentas tanto a la fuente del poder como a los que se ven afectados por él.

Recordando que hemos dicho que un criterio para juzgar el poder es la intención con que se usa y sus resultados, consideremos cinco tipos interconectados de poder.

Fuerza física

Podemos imponer o impedir algo por la amenaza y el uso de la violencia física. Tanto el atracador armado como el policía armado operan con arreglo al mismo principio: si te apuntan a la cabeza con una pistola, tienes menos ganas de resistir. El matón en el patio de juego de la escuela y la superpotencia internacional adoptan la misma actitud: soy más fuerte que tú, así es que haz lo que te digo. Esta observación puede ser incómoda para algunos de nosotros, y podría haber otras cosas que decir. ¿Por qué, cuando no podemos conseguir lo que queremos (bueno o malo), recurrimos a la violencia física? ¿Qué otra cosa podemos hacer?

Dominio de los recursos

Si poseo o controlo algo que tú necesitas, tengo un poder sobre ti. Puedo usar mi dominio sobre los recursos para hacer que actúes de una manera determinada. Esto es lo que los padres hacen a veces con sus hijos para que se porten bien, ofreciendo recompensas o amenazando con privarles de algo que les gusta. Las instituciones económicas mundiales hacen lo mismo con las naciones, a las que exigen que adopten ciertas políticas con la promesa de recompensas financieras o la amenaza de retirarles la asistencia. Entre los recursos están también los recursos naturales. El dominio de los recursos funciona tan sólo cuando unos pocos controlan los recursos que muchos necesitan. ¿Qué alternativa deberíamos proponer?

Poder del conocimiento

Este poder tiene estrecha relación con el dominio de los recursos. Podemos guardar lo que sabemos para nosotros, en nuestro propio beneficio. El conocimiento se está convirtiendo en una mercancía con el mismo tipo de protección legal internacional, de manera que puede comprarse y venderse, incluso si es el conocimiento tradicional de un tercero. Otro tipo de poder es el de los medios informativos, capaces de compartir o tergiversar conocimientos según convenga a sus fines.

Poder de posición

Hay quienes tienen poder por la posición que ocupan: por ejemplo, presidente y primer ministro, obispo y sacerdote, director y administrador, marido y padre o madre. En último término, el poder de posición sólo puede funcionar con el consentimiento de los ‘gobernados’. En algunas culturas, los ancianos tienen una posición de poder gracias al respeto que se les tributa. ¿Cómo asegurarnos de que aquellos a quienes se reconocen posiciones privilegiadas darán cuenta de sus decisiones y actuarán con el consentimiento del pueblo?

Debemos notar también que algunas veces las iglesias tienen una posición de poder en virtud de su papel constitucional o aceptado en la sociedad. Puede formularse la misma pregunta relativa al privilegio.

Poder moral

Este poder lo ejercen los que, por la simple fuerza de su personalidad, requieren nuestra atención. Su influencia puede ser para bien, pero también para mal.

¿Cómo juzgamos el uso del poder que nos afecta y que observamos?

Estudio bíblico

En la imaginación popular, el rey David es recordado por dos cosas: un acto de heroísmo y un monstruoso abuso de poder. La historia de Betsabé, David y Urías no se refiere en particular a la promiscuidad sexual. Después de todo, David mantenía muchas relaciones que eran culturalmente aceptables para sus contemporáneos. Cuando la mirada de David se detuvo en Betsabé y la hizo llevar a su dormitorio, el rey inició un deslizamiento desastroso. Betsabé quedó embarazada. Tratando de ocultarlo, David hizo llamar a su marido Urías, que estaba en la guerra, para que regresara al hogar de manera que el niño esperado pudiera pasar por suyo. Por sentido de responsabilidad hacia sus camaradas, Urías se negó. David entonces dio la cínica orden de que Urías fuese colocado en primera línea en la próxima batalla. Urías fue muerto efectivamente en el combate, y David tomó a Betsabé como una de sus esposas.

Lectura de 2 Samuel 12:1–7a

¿Cómo crees que abusó David de su poder?

¿Por qué crees que David parecía sinceramente querer usar su poder para reparar la injusticia en el relato de Natán y sin embargo parecía incapaz de ver o contener su propio abuso de poder?

Lectura de Filipenses 2: 5–11

En este hermoso pasaje Pablo cita probablemente un primitivo himno de alabanza. Dice muchas cosas de Cristo, cualquiera de las cuales merece ser meditada. Pero concentrémonos en lo que dice sobre el poder.

¿Qué nos dice este pasaje sobre el uso del poder?

¿Por qué es tan poderosa la opción por el vaciamiento de sí mismo, la identificación y la muerte?

¿Qué te dicen estos dos pasajes sobre la forma en que ejerces el poder en tus relaciones?


¿Cómo actuamos con justicia?

Para empezar

Piensa en una ocasión en que hayas dicho “Esto no es justo” o “No hay derecho”. Puede haber sido algo que te hayan hecho o algo que hayas visto que han hecho a otro. ¿Qué es lo que te hizo decir que algo no era justo? ¿Cómo llegaste a esa opinión? ¿Cuáles fueron tus sentimientos y los de otras personas implicadas en esa situación?

¿De qué noticias de actualidad, nacionales o internacionales, habla la gente en tu localidad? ¿Cuáles de ellas suscitan sentimientos de injusticia? ¿Por qué somos más sensibles a algunas formas de injusticia que a otras?

Para ayudarte a reflexionar sobre la justicia

Cuando hablamos de la justicia, podemos pensar en tribunales con su despliegue de jueces, magistrados, abogados, testigos y acusados. Es esencial que la justicia se haga en los tribunales, pero hay que decir algo más sobre la justicia. La justicia es moral o ética y no simplemente jurídica. La justicia trata de la acción debida para restablecer relaciones justas. Puede discutirse lo que signifique “justas”, pero debemos pensar más allá de la declaración de culpabilidad y el pronunciamiento de la sentencia.

A lo largo de las escrituras hebreas y del Nuevo Testamento podemos encontrar dos imágenes diferentes de Dios. Una presenta a Dios como un juez humano que pronuncia sentencia en su tribunal. La otra presenta a Dios como el que hace justicia o hace que se haga justicia. La primera destaca el papel de Dios como el que en último término decide lo que es bueno y justo. Dios no es un observador neutral de la vida terrena, sino que nos responsabiliza de cómo nos tratamos unos a otros. La segunda nos muestra un Dios que no espera hasta un final de los tiempos para ver que prevalecen las buenas relaciones, sino que nos aguijonea para que actuemos ahora. Por ello justicia y piedad se ven como inseparables. El objetivo no es simplemente castigar a los malhechores para que no se cometan fechorías en el futuro, sino establecer un orden de relaciones nuevo o renovado. Uno de los libros de las escrituras hebreas se llama “Jueces”. Contiene las historias de hombres y mujeres designados por Dios para hacer justo lo injusto, para enderezar lo torcido. Su función era hacer justicia, aun cuando, desde nuestro punto de vista, podamos cuestionarnos sus intenciones y acciones. Los profetas hebreos pedían justicia. En cada generación, la gente ha respondido al llamamiento de Dios de trabajar por la justicia. Es un llamamiento que también se dirige a nosotros.

La injusticia es una forma de violencia. Produce además violencia cuando mueve a alguien a recurrir a la fuerza para empezar a restablecer la justicia. La injusticia a menudo alienta el crecimiento de la violencia política, étnica y racial. Pese a nuestro horror ante las atrocidades cometidas por quienes reclaman el puesto al que tienen derecho en el mundo, podemos todavía reconocer las injusticias que las desencadenan. No obstante, unas relaciones justas nunca pueden establecerse en definitiva con medios injustos.

Al considerar la relación entre justicia y paz, conviene observar que la palabra ‘paz’ se usa de diferentes maneras. El término de la violencia física en una situación particular es una forma de paz. No obstante, la paz completa no se alcanzará mientras no se resuelvan las otras formas de violencia, las injusticias, y la reconciliación sea una realidad. Debemos reconocer también que la búsqueda de ciertas formas de justicia, por ejemplo el procesamiento por un tribunal de los culpables de crímenes contra la humanidad, puede producir reacciones violentas.

¿Es la justicia una cuestión de definir lo bueno y lo malo en función de una serie de leyes, divinas o humanas, o es cuestión de crear o restaurar relaciones justas? Según cuál sea nuestra respuesta, ¿qué diferencia habrá en la conducta que deberíamos seguir?

Podemos seguir reflexionando sobre cuatro de las muchas formas de injusticia que, además de violar los derechos humanos, son caldo de cultivo de la violencia.

Injusticia económica

En cada nación y entre las naciones hay una desigual distribución de la riqueza. Una nación o región puede ser rica en recursos naturales mientras la mayoría de su población es pobre. Las aptitudes naturales de los pueblos pueden ser explotadas de manera que no tengan manera de ayudarse a sí mismos. A lo largo de la historia hemos visto el crecimiento de clases acomodadas en las sociedades a expensas de la mayoría. La globalización de la economía completa esta injusticia a nivel mundial.

Injusticia política y social

Muchos de nosotros hemos confiado mucho en una forma particular de democracia representativa y en la capacidad de los estados-naciones para crear el marco adecuado en el que el pueblo pueda vivir. Pero incluso las naciones más poderosas descubren que no pueden ya controlar sus propios destinos, por mucha fuerza que utilicen. Dentro de las naciones, presenciamos la negación directa de los derechos políticos y sociales, a menudo con la excusa de la seguridad nacional. En algunos lugares, vemos que los ciudadanos renuncian a participar responsablemente en las elecciones porque creen que los órganos decisorios locales y nacionales no son representativos ni responden a los intereses de los ciudadanos. Las actuaciones de la justicia penal y civil se inclinan fuertemente del lado de los que tienen los recursos para llevar adelante un juicio o para defenderse. Aun en países con una larga tradición de respeto a la ley, pueden comprarse influencias y por razones de conveniencia política puede permitirse que el poderoso eluda las consecuencias de sus actividades.

Injusticia cultural

La amenaza del imperialismo y la colonización a las identidades religiosas y culturales de los pueblos se prolonga por la fuerza y por la influencia más sutil de los medios de comunicación social. Aquello que en las culturas locales es liberador, vivificante, comunal y contextual está siendo destruido para ser sustituido por una única cultura mundial comercialmente orientada. El estilo de vida que se promueve exalta la autorrealización individual, el éxito económico y la glorificación de la violencia.

Injusticia racial

Esta injusticia deshumaniza a las personas sobre la base de su aspecto físico y de estereotipos raciales. Durante muchos años, las personas de color han sido tratadas como inferiores y han sido violentamente humilladas por sus opresores.

Como hemos dicho, cada una de estas injusticias viola los derechos de las personas y produce violencia por parte de quienes sienten que ésta es la única respuesta eficaz. ¿Qué hacemos nosotros para transformar las injusticias en relaciones justas? ¿Cómo hacemos justicia?

Estudio bíblico

La explotación del prójimo parece ser una constante a través de la historia humana. Los israelitas sabían cómo debían comportarse unos con otros ante Dios, pero constantemente los profetas hebreos tenían que recordarles la insistencia de Dios en que actuaran con justicia.

Lectura de Amós 8:4–7

Manipular el mercado en favor del vendedor es lo mismo tanto en el comercio de trigo como en la bolsa de valores. El resultado es que los pobres pierden. Vender productos inferiores como si fueran auténticos está mal, tanto si das salvado por trigo como si vendes refrescos. Este comportamiento se agrava por la hipocresía de la gente religiosa que va al culto deseando que llegue el momento en que puedan reanudar sus negocios injustos.

¿Cuál es la relación entre la justicia y nuestro culto a Dios?

Unos 800 años más tarde, Jesús se levantó en la sinagoga de Nazaret y proclamó unas palabras de Isaías como fundamento de su propio ministerios.

Lectura de Lucas 4:17–21

Lucas sitúa este relato a continuación de la tentación de Jesús en el desierto. Jesús había resistido la tentación de un ministerio en beneficio propio y superficial. En lugar de condenar simplemente o incluso pedir castigo para quienes habían causado la pobreza, la cautividad, la ceguera y la opresión, utiliza estas palabras para hablar de remediar los males. Jesús afirma una justicia restauradora.

¿Utilizaría estas palabras un observador para referirse al ministerio de tu iglesia?

¿Qué te dicen estos dos pasajes sobre cómo debemos hacer justicia?


¿Cuál es nuestra identidad?

Para empezar

Reúne los símbolos que dicen algo sobre quién eres. Tu certificado de nacimiento, pasaporte o permiso de conducir dirán algo sobre ti. ¿Qué simbolizan todas las cosas que hacen que tú seas tú mismo: relaciones, creencias, actividades, intereses, personalidad?

(Sólo para grupos) Cada uno/una escribe una lista de diez palabras que le describen. Se recogen las listas y se distribuyen al azar. Cada persona tiene que adivinar, con ayuda del resto del grupo si es necesario, a quién describe la lista que ha recibido.

Para ayudarte a reflexionar sobre la identidad

Puede sorprendernos que los demás no nos vean como nosotros nos vemos. Deberíamos reconocer esto por dos razones. La primera es que las relaciones a menudo se hacen difíciles si no nos damos cuenta de que la opinión de los demás sobre nosotros no es igual que la que tenemos de nosotros mismos. La segunda es que a veces no distinguimos entre el ideal de lo que deberíamos ser y la realidad de lo que somos. Por poner un ejemplo muy sencillo, una iglesia puede proclamarse como comunidad abierta y acogedora, y puede estar convencida de serlo. Para un visitante que vea que nadie le dirige la palabra, esa iglesia se caracterizará exactamente por lo contrario.

Para promover buenas relaciones debemos, en cuanto iglesias, saber mirarnos y saber cómo nos ven los demás. Debemos tener sinceridad suficiente para admitir nuestras deficiencias. Tenemos que asegurarnos de que nuestra identidad no resulta comprometida por una relación demasiado íntima con regímenes represivos o con las fuerzas de la opresión. La iglesia representa la promesa del reino de Dios. Perderá su identidad si el reino no se refleja en su ser. Nuestro culto adquiere así una dimensión cósmica, así como un arraigo en la vida cotidiana.

La identidad religiosa es un factor presente en gran parte de la violencia que estalla dentro de las comunidades y entre las naciones; es decir, tanto la identidad religiosa que nos atribuimos nosotros mismos como la que otros nos dan. Puede decirse que es un factor más bien que una causa, por la complejidad tanto de la violencia como de la identidad religiosa. Así, en la violencia entre comunidades puede haber una mezcla de cuestiones sobre trabajo, vivienda, servicios sociales, educación, orden público, racismo, etcétera. Aun cuando sean sólo uno de los factores, las diferencias religiosas se prestan para ser utilizadas para separar las identidades de los grupos en conflicto.

En cierto modo, el conflicto no sería diferente si los dos bandos se llamaran ‘manzanas’ y ‘naranjas’, porque el fondo de la disputa sería el mismo. Pero el hecho es que es la religión la que se utiliza para definir la identidad. Los conflictos se ven como planteados entre cristianos y musulmanes, cristianos y judíos, musulmanes y judíos, hindúes y sijs y muchas más combinaciones. Entre nosotros, quienes puedan creer que un conflicto particular no es un asunto ‘cristiano’ en sí mismo se encuentran en conflicto con quienes creen que pertenece a la esencia de su cristianismo.

Podríamos preguntarnos si existe una identidad puramente religiosa. La identidad religiosa se relaciona con lo que creemos, pero no se limita a ello. Los cristianos podemos estar de acuerdo en alguna base común de lo que creemos: el Credo Niceno, por ejemplo. No por ello todas las iglesias ni las personas que las integran tienen una identidad común, ni mucho menos.

En efecto, las iglesias podrían debatir en qué medida la identidad es un don que se expresa en un contexto determinado, o si la identidad tiene una historia de desarrollo de manera que es moldeada por su contexto. Si decimos que nuestra identidad religiosa puede separarse de nuestra identidad nacional, étnica y política o de la identidad que nos dan nuestras relaciones y actividades, corremos el peligro de expresar una fe que no implica la totalidad de nuestro ser.

La formación de la identidad se hace en el interior de una comunidad porque, como hemos visto, parte de nuestra identidad procede de nuestras relaciones con otros y, si hablamos de identidad religiosa, de nuestra relación con Dios. En secciones anteriores de este estudio hemos apuntado que hay una estrecha relación entre nuestra comprensión de la violencia, el poder y la justicia y nuestra comprensión de Dios. En lugar de construir nuestra identidad en relación con Dios en Cristo, podemos encontrarnos construyendo una identidad para Dios a partir de nuestras acciones egoístas.

Para construir la identidad, es preciso que haya un espacio para que podamos explorar quiénes somos y cómo nos relacionamos. En el CMI se ha debatido la idea del espacio ecuménico: espacio en el que los que tienen diferencias pueden sentirse seguros de ser ellos mismos. Esto significa ser respetados sin amenaza de explotación.

Entablar relaciones de aceptación mutua en y entre las religiones sería para algunos un paso demasiado largo. No aceptar a aquellos que no comparten las propias creencias puede ser una parte importante de la identidad. Sectarismo y fundamentalismo son a menudo respuestas a las amenazas a la identidad mediante el endurecimiento de las líneas que definen la diferencia: una distorsión de la identidad.

Adoptar un juicio positivo de los demás tiene implicaciones para nuestra teología de la misión. Una actividad misionera agresiva puede verse como una violencia sobre aquellos que son su objetivo. Los misioneros cristianos no siempre han sido sensibles a las culturas indígenas, prefiriendo imponer una identidad cristiana occidentalizada. Arrepentirnos de esto puede ayudarnos a todos a avanzar hacia relaciones positivas entre cristianos de diferentes partes del mundo.

¿Hay una diferencia entre aceptar a la gente para mantener buenas relaciones humanas y aceptar lo que creen? ¿Cómo conciliamos el compromiso profundo con una apertura al otro? ¿Vemos en quienes tienen creencias diferentes un potencial para enriquecer nuestra propia fe y no una amenaza para nuestra identidad?

Estudio bíblico

Ser el pueblo elegido por Dios suponía tanto un privilegio como una responsabilidad. Moisés explicó esto a una asamblea del pueblo de Israel.

Lectura del Deuteronomio 10:12–22

El privilegio tiene dos inconvenientes: podemos disfrutar tanto del privilegio que olvidemos nuestra responsabilidad, y podemos mantener nuestro privilegio en un círculo cerrado. Parece que hay casi tantos ejemplos de estos problemas en las escrituras hebreas como en la historia de la iglesia cristiana. Tal vez por ello se presenta a Moisés insistiendo constantemente en el privilegio y la responsabilidad, temas recogidos más tarde por los profetas. Hay una relación dinámica entre ambos conceptos, más que una simple enseñanza de ‘observar los mandamientos de Dios’ para ‘tener la recompensa de la gracia de Dios’.

Sin embargo, dentro del círculo de privilegio y responsabilidad de Israel estaban incluidos los extranjeros que vivían entre ellos, los procedentes de otras tierras, los no totalmente integrados, los de culturas diferentes. Dios los amaba, así como a los débiles y los desamparados.

¿Incluyen o excluyen nuestros círculos de privilegio y responsabilidad en las iglesias a los extranjeros que viven en nuestras comunidades?

¿Que significa que Dios los ama tanto como ama a los que creemos en él?

Lectura de Efesios 2:13–18

Lo que aquí se proclama no es simplemente que Cristo derriba barreras, incluso la barrera entre cristianos y judíos. Eso ya sería una buena noticia en sí misma. Efesios va más lejos diciendo que Cristo hace un cambio radical creando una nueva humanidad.

¿Cómo podemos encontrar nuestra identidad en la nueva humanidad en Cristo y no tras las barreras de enemistad que dividen a la iglesia y a nuestras sociedades?



¿Qué vamos a hacer?

Reflexionar sobre las cuestiones planteadas en esta guía de estudio es el primer paso de un largo viaje. Esperamos que todo lo que hemos hablado nos dará algunas orientaciones y suscitará más preguntas, así como la determinación de no contentarnos con el presente estado de las cosas y el reconocimiento de que tenemos inmensos recursos en la fe cristiana. ¿Podemos trabajar por un cambio en nosotros mismos, en nuestras iglesias y en nuestra sociedad?

Concentrarse y profundizar en un tema
En un folleto como éste, no hemos podido mencionar todas las cuestiones relacionadas con la superación de la violencia y la búsqueda de la reconciliación y la paz. Para que nuestras acciones sean eficaces, tenemos que concentrarnos. Tratemos de singularizar uno o dos problemas particulares que nos parezcan importantes. Pueden ser problemas locales o grandes cuestiones mundiales. Por ejemplo, algunas congregaciones han escogido la cuestión de la violencia en las calles de su localidad, otras han emprendido campañas para la cancelación de las deudas internacionales de las naciones más pobres. Cualquiera que sea el tema escogido, necesitaremos estudiarlo con más detenimiento, considerar los problemas subyacentes y aprender de la forma en que otras personas los han abordado en otras partes.

Saber lo que queremos hacer
Queremos superar la violencia. Decir a la gente, por ejemplo, que dejen de maltratar a los niños o que pongan fin a un conflicto étnico no es bastante. La violencia en la mayoría de los casos es una manera de enfrentarse con problemas subyacentes. Tenemos que meditar sobre cómo podemos responder a problemas particulares de manera noviolenta y cómo podemos proponer soluciones justas para eliminar o reducir las causas de la violencia. Tenemos que ser capaces de proponer alternativas positivas a la violencia llevando a ambos bandos hacia nuevas formas de relacionarse. El nivel de violencia en el mundo puede abrumarnos y hacernos creer que no podemos hacer nada. Escogiendo un problema, aunque sea menor, en el que nos parezca que podemos efectivamente influir, iniciamos un proceso de cambio. No te preocupes por todo lo que no puedes. ¡Empieza por algo que puedas alcanzar!

Atraer a más personas
¿A quién más podemos reclutar en nuestra congregación o parroquia? En muchas de éstas hay grupos de mujeres y jóvenes con energía e imaginación. ¿Hay un grupo de estudio bíblico que pueda reflexionar con más detenimiento sobre la reconciliación? ¿Apoya el servicio pastoral a las víctimas de la violencia? ¿Tienen éstas un espacio seguro para hablar de su sufrimiento y de quienes las hacen sufrir? ¿Podríamos recabar la colaboración de otras parroquias o congregaciones locales y de las de otras denominaciones? ¿Qué campañas, organizaciones y grupos existen ya en nuestra localidad y en nuestra nación en torno a los problemas de la violencia? ¿Cómo conectar con ellos?

Orar
¡La oración es peligrosa! Si esperamos que Dios cambie las cosas sin que nosotros cambiemos, quedaremos decepcionados. Como hemos visto en páginas anteriores, somos parte del problema de la violencia y no simples espectadores. En la oración nos abrimos a Dios, como individuos y como iglesias. La disciplina espiritual de la oración nos permitirá vivir, personalmente y en nuestra congregación, una vida que promueva la reconciliación y la paz, cambiando también nuestra manera de relacionarnos con los demás, perdonando y siendo perdonados. La oración es un medio poderoso de solidarizarse con las víctimas de la violencia.

No guardar para nosotros solos nuestras ideas y planes
Comunica a otros lo que has aprendido y lo que te propones hacer. El Decenio para Superar la Violencia es una iniciativa de las iglesias, y necesitamos darnos ánimos mutuamente comunicándonos nuestras esperanzas y nuestras actividades. Que tu iglesia nacional y el consejo de iglesias de tu país sepan que contribuyes al Decenio. Toma también contacto con el Consejo Mundial de Iglesias.

No basta hablar de la paz. Hay que creer en ella. Y no basta creer en ella. Hay que trabajar por ella.(Eleanor Roosevelt)



Material sobre superación de la violencia

· La noviolencia como alternativa
· Desafíos pedagógicos de la Paz
· Caminos de Paz: Las enseñanzas de la Biblia acerca de la paz
· Florecerá la Esperanza: Algunos elementos que se utilizan para justificar la agresión contra las mujeres
· Curso : De la Violencia a la Integridad
Visiten las páginas del Decenio en el sitio web del CMI:
www.wcc-coe.org/dov

Encontrarán relatos y fotos de personas y grupos de todo el mundo que exponen lo que hacen para superar la violencia. Encontrarán enlaces a una lista creciente de sitios web relacionados con el DSV de otros movimientos locales, nacionales e internacionales por la paz. Hay también un calendario de eventos relacionados con el DSV.

Si quieren dar a conocer eventos, informaciones, cursos y libros relacionados con el DSV, envíennos un mensaje:
dov@wcc-coe.org


Oraciones

En medio del hambre y de la guerra,
celebramos la promesa de abundancia y paz.
En medio de la opresión y la tiranía,
celebramos la promesa de servicio y libertad.
En medio de la duda y la desesperanza,
celebramos la promesa de fe y esperanza.
En medio del temor y la traición,
celebramos la promesa de alegría y lealtad.
En medio del odio y la muerte,
celebramos la promesa del amor y la vida.
En medio del pecado y la corrupción,
celebramos la promesa de salvación y renovación.
En medio de la muerte omnipresente,
celebramos la promesa del Cristo vivo.


Por la paz en nuestro país
Por las víctimas de la violencia en todas partes
Por los que luchan por la paz y la justicia
Por las iglesias en situaciones de conflicto
Por un mundo sin guerra ni violencia

Llévame de la muerte a la vida, de la mentira a la verdad,
Llévame de la desesperanza a la esperanza, del temor a la confianza,
Llévame del odio al amor, de la guerra a la paz,
Que la paz llene nuestras existencias, nuestro mundo y nuestro universo.
Amén.



Portada del DSV


Espanol Last edited on July, 28 2003 by Laura Short / CMI