Dios en el patio trasero
Para Ole Jakob Løland, estudiante de teología noruego de 22 años, que trabajó seis meses con niños de la calle en La Paz, Bolivia, y pasó dos meses recorriendo Perú, las desigualdades no son ninguna novedad. Pero lo que vio en el barrio de la ciudad de Buenos Aires conocido como Bajo Flores lo impresionó.
"Es un gran contraste, viniendo de un país como Noruega, ver las tremendas diferencias y la injusticia que sufren las clases marginadas", explicó. La experiencia, sin embargo, lo ayudó "a reafirmar lo que es el centro esencial para mí y para la iglesia: la liberación de los pobres."
La visita a ese barrio le devolvió las ganas de vivir con los marginados. "Para comprender a los pobres hay que entrar en el mundo de los pobres", dijo, evocando palabras del teólogo peruano Gustavo Gutiérrez.
Admitió que viviendo en un país nórdico "es bien fácil olvidarse" de los necesitados. Pero en un país pobre, reflexionó, también es peligrosamente fácil "acostumbrarse a la pobreza, verla como un hecho natural".
Emily Ruff, una estadounidense de 22 años que trabaja con adolescentes de familias sin techo en Orlando, Florida, abrió su corazón. "Me sobrepasó la tristeza", reconoció.
Pero también se sintió reconfortada al observar "gente fuerte y valiente" que lucha por el pan diario: "Me dio esperanza su esperanza y ver cómo trabajan de abajo hacia arriba".
Emily comparó el barrio de clase media acomodada donde se celebró el encuentro juvenil con lo que tenía ante su vista: basura en las calles sin pavimentar y casas sin terminar. "Las diferencias son dramáticas, como si éste fuera el patio de atrás".
Ella no ocultó su admiración por los "cartoneros", personas -a veces familias enteras- que se dedican a recolectar papeles y cartones de los residuos domiciliarios para luego venderlos a la industria del reciclado.
Con "su forma de vivir honesta" se destacan "en medio de tanta corrupción", dijo. Ellos son un ejemplo palpable de que Dios "camina con la gente en las luchas que enfrentan en sus vidas". |