Consejo Mundial de Iglesias - Crónica
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Para publicación inmediata: 4 de agosto de 2004


Cristianos en el país de Sandokán

Por Juan Michel (*)

Fotos sin cargo disponibles, ver abajo.

"Nosotros tenemos libertad religiosa en todo, menos en una cosa", nos dice nuestro anfitrión mientras nos conduce a la iglesia que vamos a visitar esa mañana de domingo en Kuala Lumpur, la capital de Malasia. "La única restricción", explica, "es hacer proselitismo entre musulmanes". No parece tan grave, en principio, ya que siendo la población musulmana poco menor al 60 por ciento --lo que sin duda la convierte en mayoritaria-- la restricción no aplica a un grueso 30 por ciento restante. A lo largo del día, sin embargo, vamos a encontrarnos con algunas sorpresas.

La visita es parte del programa de la reunión plenaria de la comisión de Fe y Constitución del Consejo Mundial de Iglesias (CMI) que se celebra en la capital de Malasia del 28 de julio al 6 de agosto. Con unos 120 miembros representando virtualmente a todas las familias confesionales cristianas, incluidos 12 nombrados por la Iglesia Católica Romana, la comisión suele ser designada como el más representativo foro teológico mundial por la unidad cristiana.

Envueltos en largos y, a veces, complicados debates acerca del cómo y el cuándo las iglesias reconocerán mutuamente como válido el bautismo que imparten, o si y de qué manera alcanzarán acuerdos básicos acerca de en qué consiste y cuál es el propósito fundamental de ser iglesia, los miembros de la comisión agradecen la visita a las iglesias locales como una posibilidad de "tocar base" al promediar una reunión de diez días de duración.


Recíbanse los unos a los otros

Mientras otros visitan iglesias luteranas, ortodoxas, bautistas, anglicanas, metodistas y presbiterianas, nuestro pequeño grupo está visitando la Iglesia Siria Mar Thoma en Banting, un suburbio de clase media. Según la tradición, la iglesia fue fundada en Kerala, India, por el apóstol Tomás en el año 58 DC. El origen de la iglesia en Malasia se remonta a la llegada de inmigrantes "marthomitas" a comienzos del siglo XX. Hacia 1911 se constituye la iglesia, aunque hasta 1930 sus miembros no pasan de 70 en todo el país, en ese entonces llamado Malaya.

La comunidad que estamos visitando, fundada en 1936, "fue la primera congregación de nuestra iglesia fuera de Kerala", nos dice con orgullo nuestro anfitrión. Hoy en desuso, el antiguo templo es una pequeña y simple construcción que da testimonio de humildes orígenes. El nuevo, más amplio y adecuado al actual tamaño de la congregación, que comprende unas 300 familias, es sin embargo sencillo como su predecesor. El interior es de una austeridad calvinista, sin imágenes ni adornos; dentro de la iglesia el único símbolo visible es la cruz.

El culto es en malayálam, el idioma de los abuelos y padres, que los hijos ya están dejando de hablar aunque algunos aún lo comprenden. Esa es la razón, nos explican, de que haya pocos jóvenes esa mañana. "Nos convertiremos en una comunidad de habla inglesa de aquí a poco", nos dice nuestro anfitrión, y agrega, "el idioma nunca debería ser una barrera, pero el culto está tan entrelazado con la cultura…"

La apariencia calvinista dura todavía un poco mientras el culto comienza con canciones y lecturas bíblicas, pero pronto se revela un trasfondo ortodoxo cuando el rojo cortinado frente al altar se abre y el aroma del incienso llena el templo. El ministro, vestido con un sencillo hábito blanco cubierto con una espléndida capa color nácar y rubí oficiará la mayor parte de la liturgia --que es casi totalmente cantada-- de cara al altar y de espaldas a la congregación. Ambos, ministro y congregación, se santiguarán varias veces a lo largo del culto.

La iglesia proviene de una tradición ortodoxa (calcedonia), nos explican, pero cuando en el siglo XVII los portugueses conquistaron Kerala la iglesia fue incorporada a la Iglesia Católica Romana. Cuando más tarde los portugueses fueron expulsados por los holandeses, la iglesia rompió con Roma y a comienzos del siglo XVIII atravesó un proceso de reforma bajo influencia de misioneros anglicanos. Así es como hoy es una iglesia independiente reformada de tradición ortodoxa (calcedonia), que conserva la liturgia de San Jacobo.

-Santo eres tú, oh Dios.
-Santo eres tú, Señor todopoderoso.
-Santo eres tú, Señor inmortal.
-Oh, tú, que fuiste crucificado por nosotros, ten piedad de nosotros.

Así invocan, cantando, congregación y ministro. En cierto momento quienes cumplen años y quienes tienen algún motivo especial de agradecimiento pasan al frente y la comunidad ora por ellos mientras el ministro les impone sus manos. La mayoría de las mujeres se han descalzado, así como algunos de los hombres. Unos y otros se sientan separados, y el lado de las mujeres, casi todas ellas vestidas con maravillosos saris es, sin duda, mucho más ricamente colorido que el lado masculino.

El sermón, predicado por un miembro del grupo visitante, versa sobre la urgencia de la misión: "La misión de Cristo es la misión de la iglesia, y ustedes son la iglesia de Cristo en Kuala Lumpur". Una misión que debe ser llevada a cabo "a la manera de Cristo: sirviendo a los necesitados, construyendo la paz".

-Oh, Señor, humildemente llamamos a tu puerta,
-Venimos a tu casa e imploramos tu bendición.
-Santifica a tus siervos por medio de tu verdad.

Toda la liturgia está orientada al momento culminante de la eucaristía. "Nuestra comunión está abierta a todos los cristianos que han sido bautizados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, tienen la edad necesaria, y han confesado sus pecados", explica el ministro, y el pequeño grupo de visitantes no puede sino pensar en el lema del encuentro que los ha llevado a Kuala Lumpur: "Recíbanse los unos a los otros, como también Cristo nos recibió, para gloria de Dios" (Romanos 15:7).


Crisol de etnias y de religiones

Luego del culto, la hospitalidad se extenderá a la mesa de una de las familias miembro de la comunidad. Los platos servidos son exquisitas muestras de la cocina india. Siguiendo la costumbre de los dueños de casa, los visitantes tomamos los alimentos con nuestras manos.

Justo antes de comer se escucha el llamado a la oración cantado por el muecín de una mezquita cercana. Qué significa ser cristianos en un país musulmán? La libertad que disfrutan es una gran bendición, nos responden.

Más tarde, conversando, nos enteramos de que el ministro, quien nos acompaña a almorzar, está casado y tiene dos hijos, de siete y diez años. Lo estamos robando a los suyos este mediodía? No, su familia está en Kerala y lo visita dos o tres veces al año. Una disposición legal prohibe a los misioneros extranjeros traer a sus familias. "Es torpe", opina sobre ella un hijo de la familia que está de vacaciones en la casa paterna. Acaba de recibirse de abogado en Londres y planea completar allí un posgrado y, eventualmente, conseguir trabajo.

Otro de los temas de conversación será la película La Pasión de Cristo. Autorizada por el Comité de Censura Cinematográfica para ser exhibida sólo a cristianos, quienes deberán comprar las entradas en iglesias vinculadas a la Fraternidad Nacional Cristiana Evangélica, la restricción no hace felices a los cristianos malasios.

No, al menos, a Hermen Shastri, secretario general del Consejo de Iglesias de Malasia, quien hablando en la conferencia de prensa inaugural de la reunión de Fe y Constitución ha dicho que desaprueba la restricción. Y que, si la película fuera eventualmente inapropiada para musulmanes, eso no tendría por qué impedir su exhibición a miembros de otras religiones, como budistas e hindúes.

Más tarde el gobierno explicará que el permiso de exhibición fue solicitado 'sólo para cristianos' y que el Comité de Censura se limitó a autorizar aquello que le fue pedido. De manera que, aparentemente, se trataría de un caso de autocensura de la distribuidora cinematográfica que, dando por sentada la negativa, no se molestó en pedir el permiso correspondiente para la exhibición normal en salas comerciales.

El episodio en torno a la película refleja la situación de los cristianos malasios, que una y otra vez agradecen la libertad que disfrutan para profesar su fe, y sólo de vez en cuando se atreven a expresar sus frustraciones. Como por ejemplo el hecho de que, según Shastri, el Islam entre siempre en escena cualquiera sea el tema que las iglesias estén encarando. Lo que no llama la atención en un país donde el Consejo Nacional de Fatwa acaba de prohibir a los musulmanes que participen en los populares concursos vía SMS con premios (argumentando que es un tipo de juego de azar), con el inmediato efecto de que varios canales de televisión los suspendieran. O donde una persona que se casa con un musulmán tiene que adoptar esa religión.

El episodio también refleja la complejidad de las relaciones interétnicas, en un país donde 25 por ciento de la población es de origen chino, 10 por ciento de origen indio, y los miembros de esas comunidades llevan su origen étnico estampado en el pasaporte, incluso si éste es malasio. Lo cual hace una diferencia cuando se trata de obtener un empleo en el aparato del estado o una vacante en la universidad, ya que como parte de una política de "discriminación positiva" iniciada en 1971 hay cuotas asignadas a ciudadanos de origen malayo, que constituyen casi la mitad de la población.

"No pretendo negar que hay problemas entre las diferentes comunidades étnicas y religiosas en Malasia (…) ni que existen tensiones latentes y frustraciones", reconocerá el propio primer ministro del país, Abdullah Ahmad Badawi, al hablar ante el plenario de la comisión de Fe y Constitución durante una breve visita que será tapa de todos los diarios nacionales. Pero el jefe del gobierno no dejará de insistir en el carácter único del país en términos de multiculturalismo y diversidad, que lo harían un ejemplo para el mundo.

El discurso que enfatiza la armonía interétnica e interreligiosa es omnipresente en Malasia. Lo repiten cada día los políticos, los líderes religiosos, los diarios. A poco de estar en el país el visitante no puede evitar preguntarse: Por qué tanta insistencia? "Porque la opción contraria es atemorizante", responde el editor de uno de los diarios de lengua inglesa. "Tenemos ejemplos en otros países de lo que podría suceder si esa armonía no existiera y nadie quiere ponerla en riesgo." Lo que explica la importancia del rol de garante de la coexistencia pacífica que el primer ministro se asigna a sí mismo: "Mi responsabilidad es diseminar el mensaje de tolerancia entre todos, especialmente la mayoría musulmana", dirá ante los miembros de la comisión de Fe y Constitución.

La otra cara de esa prédica es ciertamente más dura y afecta entre otros a los grupos musulmanes radicales. "No podemos permitir que nuestras religiones sean desgarradas por impulsos extremistas y doctrinas exclusivistas", ni que sean "secuestradas por aquellos que promueven enemistad y violencia", afirmará el primer ministro. Alrededor de un centenar de detenidos, en su mayoría sospechados de vínculos con organizaciones islámicas radicales, están a disposición del estado bajo el Acta de Seguridad Interna. Aprobada en los '60 para contener la insurgencia comunista, permite detenciones por tiempo indeterminado y sin proceso judicial, algo que ha sido criticado por organizaciones de derechos humanos y por el Consejo de Iglesias de Malasia.

Otra fuente diferente de tensión social son los trabajadores inmigrantes, que provienen mayormente de Indonesia, Filipinas e India. Según los diarios, en este país de cerca de 25 millones de habitantes, hay unos 2,5 millones de trabajadores extranjeros, la mitad de ellos ilegales. Con un 5,1 por ciento de habitantes viviendo bajo la línea de pobreza y los noticieros reportando cotidianamente delitos violentos que involucrarían a extranjeros, días atrás el gobierno anunció un plan para expulsar del país a más de un millón de éstos.


Tigres y piratas

Cae la noche en Kuala Lumpur y las calles céntricas hierven de actividad. A lo lejos las torres Petronas, redondas e iluminadas, se hunden magníficas en el cielo. "Nuestras 'Twin Towers' son ahora las torres más altas del mundo", nos dijo alguien con orgullo. Malasia, que es uno de los mayores productores mundiales de insumos para computadoras, disfruta de una de las economías más pujantes del sudeste asiático. Con más de siete millones de turistas llegados en lo que va del año, es también el principal destino turístico de la región.

Ambas cosas, pujanza económica y turismo, se notan en la calle. Todos los comercios están abiertos y los empleados invitan a entrar al paseante. Cerca del hotel donde la comisión se reúne, suelen estacionarse dos camionetas sobre las que se encaraman amenazantes tigres de peluche de tamaño casi natural. Es imposible no recordar las interminables tardes de infancia pasadas en compañía del legendario Sandokán y sus feroces "tigres malayos". Aunque los únicos piratas que hayamos encontrado hasta ahora sean copias ilegales en DVD de La Pasión de Cristo, que desde hace meses se consiguen en cualquier esquina por apenas 15 ringgits (4 dólares).

(*) Juan Michel es el encargado de prensa del Consejo Mundial de Iglesias.


Cristianos en Malasia (Recuadro)

Los cristianos representan el siete por ciento de la población malasia. La Iglesia Católica Romana tiene la mayor membresía (aproximadamente 600 mil), seguida por la Iglesia Metodista (300 mil) y por la Anglicana (170 mil). La Iglesia Siria Mar Thoma tiene 2.500 miembros en 16 congregaciones. Varias otras comunidades cristianas están también presentes en el país. El Consejo de Iglesias de Malasia incluye 16 denominaciones, que agrupan a cerca de 380 mil cristianos.


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