"Nos hemos convertido en mendigas", dice Rita. "Entre todas las mujeres de aquí, creo que tenemos unos 300 niños sin escolarizar. No podemos permitirnos pagar el colegio. Me vienen mujeres pidiendo 5 ó 10 dólares liberianos para arroz. La gente viene a pedir jabón para lavar la ropa".
¿Dónde está la justicia?
En una situación todavía tensa e inestable, en la que los ex combatientes han entregado sus armas, la repatriación está comenzando y se preparan las elecciones del año próximo, no parece haber consecuencias para los autores de la violencia. Caminan por las calles y sus víctimas les reconocen. |
| "Dieciséis hombres armados saltaron la valla, reventaron la puerta y entraron en nuestro apartamento. Se llevaron teléfonos móviles, dinero… todo. Tenía conmigo a mis niños: mi hijo, mi hija, mis dos sobrinos, y la niñera. Un chico con un martillo vino hacia mí y dijo: "Esta mujer es para mí". Me dio en la cabeza con el martillo y me bajo los pantalones para violarme. Mi hija pequeña empezó a gritar, y el hombre me la arrancó de mi lado, la tiró al suelo y comenzó a violarla. Simplemente me la arrebató, la violó hasta la muerte y la echó a un lado", relata Rita Wheazor. |
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